Adelante, no tengas miedo, nada
temas, pues únicamente te espera la luz. ¿Tus pies vacilan? Nada vibra bajo
ellos, sólo tú te mueves, te agitas buscando una comodidad que no ha de llegar.
Esta es tu bienvenida a un mundo, tu mundo, el
origen que siempre olvidas y obstinado aguarda cada día tu regreso.
Las sombras que frecuentas te han
protegido hasta ahora, abrazándote y escondiéndote de las miradas. Has caminado
por un suelo firme, aparecido y desaparecido a voluntad. Esa penumbra, que no es tuya, pero tuya la has
hecho, te ha dado un hogar, una matriz en la que no renaces, sino que naceas,
una y otra vez, criatura iterativa, pero siempre nueva, siempre adelante.
¿Tiemblas aún? ¿Y no temblabas con
los primeros pasos? Acuérdate de aquellos torpes movimientos, robóticos,
rígidos, frágiles. Todo el cuerpo resistía a fuerzas asimétricas. El suelo,
cercano, establecía el límite del descenso que tarde o temprano debía
producirse. Y recuerda - invoca, ¡oh, tú! a la gran Mnemósine - la fuerza
adquirida, la adaptación, los figuras aprendidas hechas alma, aire, alas que
alejan ese suelo criminal: nada limita tu subida.
Mucho has aprendido en tu
cautiverio, pero has vuelto a la libertad, aterradora y vasta. Las puertas se han abierto,
expulsándote al frío aire de la capital. No se oculta ya el público, las grietas del pavimento se
convierten a tu paso en los hilos del funambulista. Tú, artista sin vara,
¿conseguirás llegar al otro lado?
No hay comentarios:
Publicar un comentario