jueves, 28 de junio de 2018

Tierra

Gaviotas: tierra. Vamos, barca mía, hemos llegado. El fin de nuestra huida ha arribado, pliega las velas. Vamos, sigamos las emplumadas alas que ninguna jaula conocen, sean nuestros lazarillos en esta oscuridad que nos abraza y tira de los retales de sueño que aún nos cuelgan.

Esta arena, estas costas, son ahora nuestras. No hay árboles, hierba, alimañas susurrantes. Solo moluscos cadáveres, fantasmas de ultramar, descansan en este largo colchón; como yo. Como yo, barca mía, que he abandonado tus brazos mecedores, que duermo al raso y al frío húmedo, que he tomado por sepultura el mundo y ahora se apaga mi aliento; ojos mudos, pies ciegos, corazón muerto.

La espada del Telamonio ha actuado, la locura ha sido sanada y la cordura agita aún su espada, la realidad asesta la última estocada. Sólo te pido, barca mía, que no me dejes aquí, abandonada. Ahora muero, ahora sangro, ahora grito y me desgarro; mañana volveré a empuñar tus remos rumbo a nuevas islas de ceniza y emplumados vagamundos.

jueves, 14 de junio de 2018

Léthe

Pasa y llega, nada, todo, la total ausencia, el final del camino, sombras de hojarasca. La senda se desdibuja, las dunas pasan, se suceden, las grietas desangran el desierto. Susurros, rumores, el bosque crepita, aúlla, se lamenta.

Eco pesado, putrefacto, que se arrastra, serpentea en el zigzag del vacío. Palabras desorientadas, erráticas, que se alargan en un infinito gemido, en una tormenta de momentos en caravana hacia el olvido.

El viento sopla, demoníaco Levante, las espirales levantan el lago. Aves de largo pico custodian la nave que se aleja desapareciendo en un punto impropio del ocaso.