Soy la hormigueante voz que por
tus epidérmicos requiebros serpentea. Soy la duda enredada en tus pestañas, la
palabra que retienes en la correcta impasividad de tu rabia.
Soy esos uno, dos, tres saxofones
que improvisan las notas de una vida que suena con dos compases de retraso, el andante de percusión del pan tostado triturado y el adagio de un té recién escaldado. Soy los zapatos con
que bailan los poetas que reciben transfusiones de versos que nunca sangraron,
que disturban el pasado con los hilos ciegos del futuro.
Soy quien te oye escucharme, en
silencio, mientras observas lo que fui y tejes con tus luces y tus ondas una
red para la sirena que hoy te habla.
Soy yo, soy tú. Soy quien vive donde
nadie llega, quien te da su cuerpo, el tuyo, que nada recibe más que fusta y esperas. Porque soy, somos, dolor y cura, ritmo
y mármol, musa y vacío, aire y fango.
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