Despierto. Veo el mismo techo azul de siempre. Espera… ¿azul? Entonces no es el de siempre. ¿Dónde estoy? Supongo que en otra habitación del hospital pero, ¿por qué? ¿Ha pasado algo? Aish, me gustaría que alguien me contara lo que ocurre de vez en cuando. Últimamente he estado más despierta y he podido ve a las enfermeras y al joven doctor más a menudo. Mi opinión con respecto a este último ha ido mejorando gradualmente. Se ve que al principio me cogió miedo por el escándalo que monté, pero ha ido cogiendo confianza en sí mismo. Las enfermeras, de las que sólo sé el apellido, no hablan conmigo. Parece que le tengan miedo a algo, distinto de mí, pero que les impida pronunciar palabra en mi presencia. Ni siquiera nadie me ha dicho cómo me llamo. Es como si se hubieran puesto de acuerdo para evitar que recupere mi identidad. ¿Qué es esto? Parece un mando. Vamos a ver qué hace. Le doy a un botón grande y rojo. Poco a poco, la cama sobre la que estoy se va elevando. Ahora pulso un botón azul. La cama vuelve a bajar. Aún hay dos botones más, pero esos los dejaré para otro día. Voy a disfrutar primero de este descubrimiento. Ahora subo, ahora bajo. Subo. Bajo. Subo. Bajo. Se abre la puerta. Entra el médico. Se me queda mirando con una ceja levantada (aún no sé cómo consigue hacer ese gesto tan exagerado).
- ¡Anda! Yo que pensé que estaría desconcertada y me la encuentro jugando como una niña pequeña.
Paro. Tiene razón, pero no he podido resistirme. Es la primera “diversión” que encuentro desde que estoy aquí. ¡Qué demonios, me debe una explicación! Sigo mientras le miro desafiante.
- Vale, vale, ya le explico – si es que ya le tengo bien educadito – pero estése quieta – paro.- Muy bien. Como ya está mucho mejor, al margen de los problemillas de siempre, hemos decidido sacarla de la planga de vigilancia y trasladarla aquí.
¿Y no me lo podía haber dicho antes? ¡Le veo todos los puñeteros días, maldita sea! Reanudo mi “diversión”, pero esta vez en señal de enfado.
- Oiga, ya vale. Esto no ha sido decisión mía. – Paro.- Ayer hubo un accidente en la carretera y necesitábamos camas. Además, aquí podrá tener compañía. Quién sabe, tal vez tratando con gente consiga superar la amnesia. Luego me pasaré a ver qué tal está. ¡Ah, por cierto! Le he traído esto. Ahora que va a tener con quien hablar le puede venir bien.
Deja algo en la mesilla y se va. Miro a la derecha. Es verdad que hay otra cama, pero por ahora parece vacía. Me fijo en la mesilla un cuaderno y un bolígrafo. Sonrío. De verdad está empeñado en que hable con alguien. Hace unos días confirmamos que sólo ha quedado afectada la memoria que se refiere a mí, es decir, no tengo nombre ni pasado, soy como un recién nacido que ya lo sabe todo. Puedo leer, escribir, andar,… incluso podría hablar si tuviera voz para ello. De hecho, tengo que descubrir todas las habilidades que tengo… ¡voy a estrenar el cuaderno! A ver, es gris, con tapa dura, hojas blancas,… vamos, bastante normalillo. Creo que lo primero será poner el nombre. ¿Nombre? Sigo sin saber ni siquiera por qué letra empieza. Hay algo, estoy segura, algo que impide al doctor y las enfermeras decírmelo. He intentado sonsacárselo, pero siempre cambian de tema o se van, así que he desistido. Bueno, a lo que iba. “Este cuaderno pertenece a la Señorita García”. Pienso rellenar el hueco como sea. Miro lo que he escrito. No me gusta esta letra. Demasiado pequeña y alargada, como si tuviera que ocupar el menor espacio posible. No voy a escribir. Voy a pintar. Aunque se me dé mal, al menos pasaré el rato. ¿Qué dibujo? ¡Ah, ya sé!
Pintaré la cama de enfrente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario