lunes, 17 de enero de 2011

VII

Me aburro. Llevo al menos un mes en este hospital y ya se me han acabado las ideas para entretenerme. Mi último recurso es éste, usar el cuaderno que me regaló el doctor. Desde que estoy en esta habitación paso menos tiempo sola. Por aquí pasan pacientes a los que luego van a operar o trasladar a otra planta. Aún no he recuperado mi capacidad de habla, por lo que no puedo empezar ninguna conversación. Dependo totalmente de las ganas que tenga la otra persona de contarme algo, que la mayoría de las veces excede el concepto que cualquier persona pueda tener de la palabra “nulas”. A veces me propongo averiguar qué tipo de problema tiene el otro paciente. He descubierto que no soy del todo mala observadora, he aprendido a identificar cada gesto y postura. El primer paciente al que “diagnostiqué” correctamente fue un niño al que le iban a extraer el apéndice, me sentí muy orgullosa de mí misma.

He pasado por muchos compañeros (hay que ver qué mal anda de salud la gente), y de todos he aprendido algo. Un niño, por ejemplo, me hizo aprender cómo fabricarme unos tapones para los oídos eficaces con unos pañuelos de papel... ¡teníais que ver cómo berreaba el crío! Un anciano me contó todos los trucos que usaban los rojos para escapar del régimen franquista. Una chica me relató su viaje desde Colombia hasta este país. Un militar me enseñó sus cicatrices de guerra. Me dan envidia. Todos tienen su familia, sus amigos, su pasado... todos tienen algo en lo que refugiarse o en lo que buscar una explicación cuando las cosas van mal. Yo, sin embargo, yo no sé ni siquiera mi nombre. Lo único que recuerdo es esa maldita flor, tampoco sé qué flor es.

He hecho progresos. Puedo dar paseos por el pasillo, comer,... vamos, que puedo hacer vida normal. Lo que aún no entiendo es por qué el dichoso doctor no me da el alta. Cierto que hay dos cosas que no he recuperado, pero no me parece que sean de su competencia. Es como si tuviera miedo de algo. Igualmente aquí no estoy tan mal. Aburrimiento aparte, he descubierto mis dotes de observadora, mi don para la pintura (que no se me da nada mal), he aprendido a desenvolverme sin hablar y con limitaciones de movimiento... además me mantienen, me dan de comer, me calman el dolor, aunque éste es cada vez menos persistente, y ya incluso las enfermeras me hablan de vez en cuando. Espero que me dejen libre pronto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario